Ya he dejado de escribir. Sí, hace tiempo que eso pasó para mí y, sin embargo, aquí estoy, delante de esta mediana pantalla pulsando teclas negras a las 23 horas.
Ya no me hace sentir especial desahogarme en un papel. Ya no cuido mi lenguaje. Ya no mido mis rimas ni espero que me entiendan. Ya todo eso, simplemente, ha pasado.
Pasaron las tristezas a las penas. Pasaron las risas a la alegría.
Ya todo eso pasó.
Alabo el origen de este blog y deseo que su cometido inicial siga manteniéndose, pero para mí ya acabaron las horas de escritura.